20 de abril de 2016

Nuevos cambios: de la cuna a la cama.

Ver crecer a tu niño es una de las cosas más emocionantes que puede darte la vida. En solo cuestión de meses pasamos por tantos momentos y sensaciones que si pudiéramos dar marcha atrás volveríamos a no poder imaginarnos que ocurrirá.

Hace nada estaba "independizándose" en su habitación, con tan solo 6 mesecitos fue el momento y ahora nos planteamos el siguiente cambio: pasarlo de la cuna a la cama. 

Llevo un tiempo dándole vueltas al cambio, porque a mi parecer, no es un cambio menor y son muchas las cosas que hay que tener en cuenta. Nuestra comodidad es importante. Pero observarles mucho para saber qué es lo mejor para ellos es lo más importante, ya que solamente mirándoles tenemos muchas pistas de cuáles son las mejores opciones.

En mi caso, he descartado, al menos de momento, la opción de cama normal con barrera. Por varios motivos:


  • El cambio en espacio me parece excesivo. 
  • La altura de la cama para subir y bajar quizá también pero sobre todo la "barrera". 
  • Para Diego sería más que un motivo de seguridad una diversión para saltar y no estoy dispuesta a que se abra la cabeza a la primera de cambio. ¡Sí, lo reconozco! Tengo un niño que no tiene miedo a los obstáculos, ¡ningún miedo!


Nuevos cambios: de la cuna a la cama.

13 de abril de 2016

Estilos de crianza que no me gustan

Estilos de crianza hay tantos como madres en este mundo y categorizarlos o intentar hacer una lista de los existentes no es mi misión hoy. Yo no sé si una crianza permisiva se llama  X o Y, ni si es mejor o peor educarlos en el autoritarismo, o en cualquier otro término que a nuestro oído ya le suena. Voy a intentar resumir con mis propias palabras el estilo de crianza que no va conmigo, con el que me declaro en guerra y que cada vez que lo veo, cuentan, o preveo, hace rechinar mis dientes, aunque todo sea dicho, es respetable y cada uno educa a sus hijos como lo considera oportuno.

Estilos de crianza que no me gustan

No creo y me declaro en contra de los estilos de crianza dependientes. Aquellos en los que la madre es una abnegada de la vida, vive pasionalmente su papel, está siempre disponible, ha dejado a un lado su ocio y/o vida personal, y se cree el centro del universo, sufridora nata a la que todo le ha sido difícil y nadie convence de lo contrario.

Visto así, ese papel le tenemos todas... la diferencia entre éstas y las demás es que éstas le dan mucho autobombo a su situación y las demás simplemente sabemos que la maternidad nos cambia la vida pero queremos seguir siendo personas.

Ligado a este estilo de madre encontramos el estilo de crianza o lo que es lo mismo, el ambiente o educación que se fomenta en el peque y en todos estos casos siempre, siempre, siempre, me encuentro un estilo que fomenta la dependencia:"no sin mi madre", cuando es más bien "no sin mi hijo".

Si bien es cierto que en algún momento del proceso de crecimiento de nuestros niños, ellos prefieren que ciertas cosas las hagamos sus madres, porque los conocemos y pasamos más horas con ellos que nadie. Pero no me refiero a eso, que más bien lo considero casual.

La dependencia a la que hago alusión es aquella que la propia madre fomenta, que crea niños sin opinión, cohibidos, tímidos, retraídos, que no dan un paso sin ella o sin que ella se lo haga y que son sufridores porque la madre así lo inculca. Lloran cuando ven a la madre marcharse, no quieren comer sin ella, si tienen que dormir solos la reclaman, etc... Es decir niños que no saben ser o disfrutar sin su madre. Y son madres que se alegran e hinchan de orgullo cuando tras haberlo dejado, porque por ejemplo tenía una comida, con madre, suegra, niñera o similar, a su vuelta cualquiera de ésta les dice que ha llorado, que no ha querido dormir porque llamaba sin cesar a su madre, y un largo etcétera.

Detrás de una madre así se encuentra una personalidad egoísta. Y ojo que todas los somos en más de una ocasión (muchas veces sin darnos cuenta) por el bien de nuestros niños. Ahora bien, todo tiene unos límites y para todo existe un momento.

Yo me voy muy a gusto dejando a mi niño sin que llore ni monte el pollo de turno porque se siente abandonado. Jamás le he dado esa sensación y una maternidad dependiente lo educa, fomenta y alimenta. Llego a recogerlo, tan a gusto o más, porque sé que no me ha echado de menos, o desde luego no lo suficiente como para que se caiga el mundo en mi ausencia. Él ha disfrutado sin mí, sus cuidadores en ese momento han disfrutado de él y yo he disfrutado sola (o en compañía) pero con otro plan en el que no está conmigo.

Todas somos madres sufridoras, abnegadas, que vivimos pasionalmente nuestra maternidad y que educamos de la forma que mejor creemos posible. Pero que un niño lo pase mal sin nosotras, siendo éste un comportamiento fomentado, consciente o inconscientemente, es algo que debemos revisar, revisar-nos.

Criar en la dependencia es criar en el egoísmo. A nuestros hijos hay que darlos alas, ponerlos límites y educarlos de forma autónoma. Su futuro comportamiento en la vida depende de lo que hoy nosotras les inculcamos.











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6 de abril de 2016

5 cosas que jamás te planteaste que harías (o no) siendo madre.

Poner un número a esta lista es un poco osado por mi parte, porque yo estoy segura de que me salen más de 5 cosas que jamás me planteé hacer al convertirme en madre (hacer o no hacer).

5 cosas que jamás te planteaste que harías (o no) siendo madre.
Fuente


1. Salir a la calle con la carita lavadita y poco más. 

Y digo poco más porque a veces casi ni la cara llevas lavada. Puede resultar exagerado pero para mí los primeros meses de vida de Diego solamente el hecho de poder salir a la calle eran todo un reto. Y a él la calle le gustaba un rato pero hasta que conseguía desayunar y vestirme me las veía y deseaba porque le tenía pegadito a mí siempre tipo koala. Y tampoco es que yo sea de las que se pone una capa de maquillaje al salir de casa... pero un toquecito sí!.

2. Dormir, no más de 2 horas seguidas, durante su primer año de vida.

Esto solo podrán entenderlo aquellas madres que tienen niños inquietos y nerviosos. Las que tenéis la suerte de haber tenido niños dormilones no sabéis la suerte que tenéis. Este punto que jamás nunca nadie te dijo que te podía pasar, llega a ser el punto de inflexión, quebranto y discusiones de las parejas más compenetradas del mundo mundial porque no dormir siempre trae malas consecuencias. Ante esto: paciencia.

3. Roncar, sin darte cuenta, cuando tu cabeza toca el sofá. 

Yo he sido de dormir con tapones durante muchísimos años. El menor de los ruidos perturbaba mi sueño y volver a conciliarlo era misión imposible. Algo buenísimo de la maternidad es que no necesitas somníferos, valerianas ni tilas para relajarte. Cuando llega tu hora y la casa está en silencio es tu momento. Los grandes inconvenientes de esto es que nunca vas a ser capaz de ver una serie o peli completa del tirón (doy fe que más de una vez la he visto en 3 capítulos). ¡Benditos usb y tv's grabadoras! ¿Para qué está sino la tecnología?

4. Tragarte las palabras que dijiste estando embarazada: ¡yo con mi niño iré a todas partes!

Y todavía las habrá que digan: y yo con el mío así lo hago. Pues yo señor@s no!! Es cierto que a medida que crecen y se hacen mayores, ganamos en independencia y cada vez más sitios nos son accesibles. Pero también es cierto que el dónde, cómo y cuándo puedas ir a un sitio lo marca el niño. Porque no es lo mismo que tengas un niño que "duerma como un cesto" que un "gritón desenfrenado". Y por mucho que algunos padres valientes asientan lo contrario me reitero: ¡no es posible! Yo recuerdo los primeros meses con Diego en el carro gritando como un loco cada vez que nos sentábamos a tomar una cerveza en una terracita (y eso que era al aire libre). Por tanto era implanteable ir a un restaurante a comer tranquilos (por nosotros y por los demás).

5. Añorar el silencio, la calma, el orden, el tiempo para ti solita. 

Adoro estar con mi niño. Pasar tiempo con él está por encima de todo. Pero es cierto que a veces estresa. Lo que tu recoges por un lado él lo tira por otro. Si no le oyes, te la está liando. Si quieres ducharte y está en casa no es que corras, vuelas. Parecen cosas sin importancia pero tan necesarias como dormir 8 horas y realmente se echan mucho de menos.





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30 de marzo de 2016

Comida casera bebible

La alimentación de nuestros hijos es una de nuestras principales preocupaciones. Que coman bien y que a su vez lo que coman sea sano es lo que más valoramos.

Considero que la alimentación del niño, al igual que el sueño, salvando por supuesto diferencias, tiene un proceso madurativo. Empiezan solo con leche, a la que luego añadimos cereales, después los purés. Los sabores cambian y también las texturas y por último introducimos los trocitos. En este proceso un niño tiene etapas mejores y peores. Épocas en las que parece gustarle todo y otras en las que nos desesperan porque de repente parece que nada encaja.

La salida de los dientes en nuestro caso, siempre ha marcado estas etapas. Más o menos apetito y más o menos ganas de masticar o tragar. 

Yo siempre intento que lo que coma sea casero, hecho por mí, porque es la mejor forma de asegurarte que no tiene sales o azúcares añadidos. Pero también es cierto que la variedad que tenemos en el mercado es amplia, y por supuesto de vez en cuando también soy usuaria de un potito comprado. Todo en su justa medida.

23 de marzo de 2016

Vicios confesables

No me gusta la leche, ¿qué le vamos a hacer? Siempre me dió mucha envidia de los grandes bebedores de leche porque reconozco que un vaso de leche te saca de más de un aprieto. Bien caliente resucita el cuerpo, acompañada con galletas hace las labores casi de cena y de la nevera directa refresca en verano. En todos sitios hay y te ofrecen, con azúcar, cola cao, nesquik, café o sola... depende de los gustos.

Yo la tomo, por obligación, únicamente para el desayuno con un poco de café y confieso que lo hago única y exclusivamente para mojar la magdalena o galleta de turno y meter algo caliente en la barriga (porque lo de salir con ella vacía no va conmigo). Y sólo me gusta así, de cualquier otra forma me provoca unas arcadas que de verdad suponen un suplicio para mí.

Como la leche no es lo mío, hace tiempo que me aficioné al té, rooibos o infusiones. Sobre todo por aquello de poder "tomar algo" cuando todos piden café. Y lo que empezó por casualidad terminó siendo un vicio confesable. El té me gusta. Y tengo especial afición por los "desteinados" o libres de teína pero lo cierto, es que me gustan todos. Entre mis preferidos se encuentran los afrutados o con sabor a canela.

Los tomó por la noche si tengo mucho frío o me duele la garganta, después de una comida o a media tarde acompañado siempre de algún dulce o chocolate. Nunca jamás los mezclo con leche pero a veces sí le añado una rajita de limón.

Os cuento todo esto, porque hace poco he conocido Teterum. Me encanta porque puedes hacer tu pedido on line, asunto vital desde que soy madre. Tienen gran variedad de infusiones. Su web es sencillísima, rápida y muy visual.

vicios confesables